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06 de julio del 2017

Las pizzas como las personas

A veces, las pizzas como las personas, necesitan ser comprendidas.
Redacción por: Leticia Chaurand

Estas 7 escenas cotidianas juegan a equiparar pizzas y personas, donde las pizzas son siempre protagonistas.

 

1. Suficiente pero algo falta
Ellos viven juntos. Es sábado y solo en fin de semana, cada nunca, se permiten pedir pizza, porque han oído mucho que es  alta en masa y en grasa. Parecen tener demasiado trabajo que hacer frente a sus computadoras, como para salir a comer algo mejor.  La pizza es la opción práctica y ya son las 5 de la tarde. Es la hora en que su departamento recibe una luz amarilla con la que dan ganas de tomarle fotos a algo; ¿pero, a qué? Si todo y todos ahí son lo conocido, los mismos de siempre, no hay nada que registrar, nada nuevo para mostrar a nadie. Pidieron una mitad de un ingrediente y otra de otro. Cada quien comió su rebanada cerca de su computadora. Su hambre se ha saciado, pero los dos sienten que les hace falta algo. Una ensalada, tal vez.

 

2. Salada pero perfecta
Aquella pizza que compró de regreso del trabajo le había parecido bastante desabrida, como plana. Se le ocurrió que le faltaba sal y fue a la cocina por su querido molinillo de sal del Himalaya, pero en el camino vio su teléfono y aprovechó para checar una notificación. Era un mensaje inesperado, de esos que esperaba siempre que tomaba el teléfono. Su hijo se iba a especializar al extranjero. Este nido de mamá soltera estaría más vacío. No sintió entonces ni pizca de orgullo sobre lo que fueron años de muy buena crianza.  Regresó a sentarse y buscó una película para acompañar la pizza que tenía lista para acompañar la película con la que se quería sentir acompañada. Sus lagrimotas caían sobre la pizza y su garganta estaba clausurada. Se quedó dormida pero unas horas después se despertó. Con un gesto de resignación, recalentó su pizza. Estaba inmejorable. Nunca una pizza de madrugada había sido tan perfecta. Sonrió al pensar que había sido su sal del Himalágrimas.

 

3. Circular pero cuadrada
El cumple 9 años. Desde el divorcio, la fiesta no es en su casa, sino en un salón con juegos que llaman “extremos” porque simulan precipicios acolchonados. Del menú que ofrece el lugar, eligieron pizza en lugar de hot dogs. Le causó una enorme desilusión que las rebanadas de pizza no fueran triangulares sino cuadradas. Que la masa estuviera un poco tiesa era tolerable, pero comer una pizza no triangular y no perteneciente a un círculo; una pizza cuadrada, de la que solo se extraen cuadrados menores, era como comer una no- pizza. De cualquier manera había pocos invitados, familia e hijos de conocidos. Cuando tienes casi ningún amigo tampoco vas a otras fiestas. El cumpleañero estuvo un buen rato afuera y nadie se dio cuenta. Estaba fascinado viendo como las hormigas se llevaban en fila pedacitos diminutos no triangulares de pizza no circular.

 

4.Divisible pero no dividida
Estaban empezando a salir. El fue quien sugirió que fueran a un lugar italiano donde la pizza era auténtica como en muy pocos. Aprovechó para darle la idea de ser alguien, no pedante, pero que sabía de todo. Bastaba verlos, aunque fuera de lejos, para notar que estaban en una de sus primeras salidas juntos: hablando casi continuamente, cuidándose de silencios que incomodaran,  poniendo atención individida uno al otro, inclinándose sobre la mesa para no perder detalle, arreglando cualquier posible torcedura del aspecto. Parecía en ambos lados de la mesa que trataban de probar algo con el tiempo contado, como si tuvieran que demostrar ser queribles en una sola sentada, frente a una sola pizza. De seguro se estaban atragantando con las historias de su vida. Se les notaba lo exaltado, apostaría que les preocupaba tener un pedazo de albahaca en un diente. La veían de reojo, pero ninguno se atrevió a tocar la última rebanada.

 

5. Común pero excepcional 
Ella se ha puesto a dieta más de una vez aunque no sea fácil. Las dietas requieren una especial disciplina. Se tratan, justo, de privarse de cosas como la pizza y eso basta para convertirlas en un sacrificio. La consecución estricta de sus dietas suele darle un gran sentido de logro, pero aquél agitadísimo lunes -día perfecto para enderezarse- fue presa de un arrebato: su desayuno tempranero de café negro y toronja rosa, tomó nuevos tonos hacia las 12pm: crujiente pimiento verde sobre rojo pepperoni y humeante queso. A  la primera mordida desapareció el entorno. Con la singularidad que le daba la excepción, esa rebanada tenía toda su atención; al comerla no pensó en nada más, fue como una meditación. Se sintió tranquila. Las dietas tienen su encanto.

 

6. Diferentes pero se parecen
Los hermanos discutían porque uno quería tacos y otro pizza. Tras el volado resultó que sería pizza, pero su mamá les advirtió que tendría que ser de una pizzería gourmet, alegando que es mejor. Ni la pizza de arúgula con prosciutto ni la de pera con gorgonzola, ni la de salmón con aceite de trufa representaban lo que el hermano quería cuando defendió la pizza frente a los tacos. Estaba arrepentido. La mamá masticaba muy conforme su pizza de masa muy delgada. Los 2 muchachos se contuvieron para no desmantelar la pizza de sus toppings y pasaron el rato con mala cara, como si la discusión hubiera continuado en sus mentes. No comieron nada bien, las pidieron para llevar. En la noche, tarde, se les oía hablar y hablar en la cocina. A la mañana siguiente, los restos de la pizza gourmet ya no estaban y no había rastro de que alguien los hubiera calentado. Solo quedaban unos ramitos de arugula apachurradísima.

 

7. Compleja pero simple
Otra vez no quería nada ese día. No había nada atractivo, nada interesante, ningún desastre que valiera la pena evitar. No había querido comer nada. Se le ocurrió que podía tener depresión pero la palabra le sonaba a un cliché suficientemente confuso. Más tarde salió a caminar para probarse a sí mismo que podía moverse aunque fuera sin ganas. Cruzando el parque le llegó un olor clarísimo a  pizza recién horneada. Pensó, a propósito de su preocupación, que aquél olor era como una invitación a quedarse; le había alborotado el ánimo. El antojo y el apetito eran ganas. Quiso pero no pudo comer pizza entonces porque se acordó que tenía algo más importante qué hacer. Siguió, acelerando un poco el paso y con las tripas ruidosas.

 

 

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